Inicio de la obra

La Orden de la Inmaculada Concepción fue fundada por Santa Beatriz de Silva para honrar la pureza de la Virgen María en su Inmaculada Concepción. Nuestra congregación surgió en un tiempo de grandes desafíos espirituales y sociales, ofreciendo una nueva forma de vida consagrada centrada en la oración, el recogimiento y la devoción mariana. En esta página recorrerás los primeros momentos de la orden, su fundación, sus raíces franciscanas y el legado que ha perdurado a lo largo de los siglos.

El inicio de la fundación se sitúa en Toledo en 1484. Con el apoyo de la reina Isabel y la guía espiritual de los frailes franciscanos, Beatriz de Silva empieza a estructurar lo que sería esta nueva forma de vida religiosa, basada en una regla propia centrada en la pureza, la oración y la vida comunitaria.

Es así como la reina Isabel cede en Toledo el Palacio de Galiana y la iglesia de Santa Fe, lugar donde se instala la primera comunidad, siendo la venerable Juana de San Miguel una de las primeras quince concepcionistas que formaron este grupo. En 1489, el papa Inocencio VIII aprobó oficialmente la orden mediante la bula Inter Universa. De este modo, se otorgó el nombre y el hábito de la Concepción bajo la Orden del Císter, quedando las religiosas sujetas al Ordinario, como las demás monjas.

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La constitución de la orden no tiene una fecha exacta. Es el resultado de un desarrollo fundacional posterior. Sin embargo, se considera el año de 1489 como su inicio.

La Orden fue aprobada oficialmente por el papa Julio II en 1511, pocos años después de la muerte de su fundadora. Su expansión fue rápida y más allá de las fronteras españolas, lo que marcó un hito en la historia religiosa del continente americano. En el año 1540, apenas unas décadas después del descubrimiento del Nuevo Mundo, se fundó en Ciudad de México el primer monasterio femenino de América: el Monasterio de la Concepción. Esta fundación no solo consolidó la presencia de las concepcionistas franciscanas en tierras americanas, sino que también abrió las puertas a una vida contemplativa para mujeres en un territorio en plena transformación.

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En la actualidad, como monjas de vida contemplativa seguimos las mismas pautas que han marcado la historia de la orden y que están recogidas en sus Constituciones Generales.

Nuestra vocación se desarrolla en torno a la contemplación, el servicio y la fraternidad. La vida monástica incluye no solo la oración, sino también distintas tareas, entre ellas el trabajo artesanal que ayuda a mantener la comunidad, como la repostería, la elaboración de artesanía religiosa y la encuadernación, la costura y el bordado. A ello se suma un amplio programa de formación integral que incluye distintas disciplinas como la formación musical, teológica y estudios superiores en distintas áreas. Siempre se nos reconocerá por nuestro hábito blanco, el escapulario y la capa celeste, que encarnan el ideal mariano que inspiró a nuestra fundadora.

Al ser una orden religiosa con más de cinco siglos de historia, la gran mayoría de nuestros conventos están ubicados en zonas estratégicas, enclaves que han sido testigos silenciosos del paso de los siglos y de los acontecimientos que han dado forma a la historia de sus ciudades. Muchos de ellos fueron establecidos en el corazón de los primeros asentamientos urbanos, cerca de plazas principales, caminos reales o centros de poder civil y religioso. Desde sus muros centenarios, han contemplado el crecimiento de pueblos que se convirtieron en ciudades, el bullicio de mercados coloniales, las procesiones solemnes, y los cambios sociales que han marcado cada época. 

Por ello, las comunidades locales no solo reconocen estos conventos como parte de su paisaje urbano, sino que los sienten profundamente cercanos. Son lugares que han acompañado generaciones y con quienes hemos compartido sus celebraciones más importantes en sus momentos de fe, alegría, esperanza o consuelo. Sus habitantes los conocen, los respetan y los visitan con afecto, sabiendo que en ellos habita una presencia espiritual que ha estado siempre a su lado. Así con el paso del tiempo, los conventos de la Orden de la Inmaculada Concepción, se han convertido en puntos de referencia, no solo geográficos, sino también afectivos, donde la historia, la oración y la escucha se encuentran.

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Durante el siglo XX, la Orden de la Inmaculada Concepción vivió una etapa de consolidación espiritual y expansión geográfica, a pesar de los desafíos sociales y políticos que marcaron la época. En medio de guerras mundiales, cambios culturales y transformaciones eclesiales, las concepcionistas reafirmaron su vocación contemplativa, adaptando sus constituciones a las nuevas disposiciones del Concilio Vaticano II. 

En cuanto al legado de santidad, la orden cuenta con un grupo de monjas que ha destacado por la profundidad de su vida religiosa y la riqueza de sus escritos espirituales. A algunas de ellas la Iglesia católica les ha reconocido su virtud y testimonio y se encuentran actualmente en proceso de canonización.

En este proceso destaca la beatificación de 14 monjas concepcionistas franciscanas asesinadas durante la Guerra Civil Española. Este fue uno de los reconocimientos de mayor relevancia en lo que llevamos del siglo XXI. El Papa Francisco reconoció su martirio por odio a la fe en el 2019.

En la actualidad, la Orden de la Inmaculada Concepción sigue viva en el corazón de la Iglesia, fiel a su vocación contemplativa. A lo largo de más de cinco siglos, nuestras comunidades religiosas han sido una presencia discreta de fe y esperanza para la humanidad. Es un legado que continúa, un compromiso que, como hijas de Santa Beatriz de Silva, seguimos cuidando para las generaciones de hoy y de mañana.

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“La concepcionista, en silencio y oración, se convierte en alabanza viva al misterio de la Inmaculada, ofreciendo su vida como don para la Iglesia y el mundo.”

Presencia internacional de la Orden de la Inmaculada Concepción

En este mapa se muestra la presencia mundial de la Orden de la Inmaculada Concepción, fundada por Santa Beatriz de Silva en el siglo XV. Cada icono indica un país en el que la Orden está presente y en el que se encuentran una o varias comunidades concepcionistas que, fieles a su carisma mariano y contemplativo, viven la oración, el servicio y la fraternidad según la tradición concepcionista franciscana.

Nuestra orden está presente en 13 países y tiene presencia en cuatro continentes, Europa, América, África y Asia.

La orden desde España se ha extendido a Portugal, México, Brasil, Argentina, Colombia, Bolivia, Perú, Honduras, El Salvador, Ecuador, Guinea Ecuatorial e India.

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