Monasterio de San Antonio
Quien llega hoy al Monasterio de San Antonio, con su arquitectura moderna de cemento y hormigón, difícilmente imagina que está ante una de las comunidades religiosas más antiguas de la Región de Murcia. Nada en su aspecto actual recuerda al antiguo convento que durante siglos formó parte del corazón de la ciudad y que estuvo ubicado a pocos pasos de la catedral. Sin embargo, su historia comenzó hace casi seiscientos años.
Todo empezó gracias a dos mujeres decididas y profundamente creyentes: Antonia Mercader y su hija Usenda Rodríguez Mercader. Tras enviudar Antonia, ella y su hija optaron por una vida retirada dedicada a la oración y al recogimiento. Vestían el hábito de la Tercera Orden Franciscana y transformaron su propia casa en un pequeño beaterío, donde comenzaron a vivir junto a otras mujeres con la misma inquietud espiritual.
El segundo convento femenino más antiguo de Murcia
Gracias a la generosidad de sus fundadoras, en sus primeros años el monasterio disfrutó de una situación económica bastante desahogada. Esto hizo posible organizar la comunidad con estabilidad. En 1428 ya contaban con normas aprobadas por el obispo de la diócesis, que autorizaba acoger hasta doce hermanas. Ellas rezaban, ayunaban, vivían con sencillez y estaban acompañadas espiritualmente por los franciscanos de Murcia. Al frente de este grupo quedó Antonia, con el título de presidenta.
En una Murcia donde solo existía un convento femenino —el de las Clarisas—, aquella forma de vida no siempre fue comprendida. Por eso decidieron dar un paso más y pedir al papa el reconocimiento oficial como convento. La respuesta llegó en 1435, cuando el papa Eugenio IV firmó en Florencia la bula que las reconocía plenamente como religiosas. Desde entonces, pasó a llamarse Convento de San Antonio de Padua, santo al que las fundadoras tenían especial devoción, y se convirtió además en referencia para otros monasterios de la Tercera Orden en el Reino de Murcia.
Durante siglos, “Las Antonias”, como eran llamadas popularmente entre los murcianos, vivieron intramuros de la ciudad. Desde allí fueron testigos de la vida cotidiana de sus habitantes, incluso de sus momentos más oscuros. Aún hoy, la calle donde estaba ubicado sigue llamándose “Calle San Antonio”, en honor a aquel antiguo convento medieval.
Cuando llegó la peste a Murcia
Uno de los hechos históricos más recordados en la ciudad, y en el que el Convento de San Antonio tuvo un papel destacado, fue la terrible peste de 1648.
En aquella época, la epidemia había causado la muerte de miles de personas. Entre el miedo y la desesperación por lo que sucedía, la población sacó en procesión pequeña imagen de San Antonio que estaba en el convento. La tradición cuenta que, a partir de ese día, las muertes comenzaron a remitir hasta desaparecer. En agradecimiento, el Cabildo de la ciudad prometió asistir cada año a la celebración del santo en el convento, una costumbre que se sigue manteniendo hasta nuestros días cada 16 de agosto.
El tiempo pasó, y la comunidad siguió adelante adaptándose a los cambios de la sociedad. En 1940, tras un largo discernimiento, las religiosas dejaron la Tercera Orden Franciscana para incorporarse a la Orden de la Inmaculada Concepción. Fue un momento muy especial, celebrado con solemnidad y alegría, pese a los momentos difíciles de la posguerra que se vivían. Ese acto se celebró el 4 de mayo de 1940 y fue presidido por fray Juan José Gómez, provincial de la Orden Franciscana.
Un nuevo hogar. Un nuevo comienzo
El golpe más duro para las monjas del Convento de San Antonio, llegó en noviembre de 1972. El desprendimiento de parte de la bóveda del edificio, las obligó a abandonar de urgencia su casa de siglos. Nunca más volverían.
Tras un tiempo de peregrinar por distintos monasterios, en 1979 se inauguró el nuevo convento en la pedanía de Algezares Murcia, ubicado a unos siete kilómetros de la capital. Este es un entorno privilegiado, a los pies del Santuario de la Virgen de la Fuensanta y rodeado de montañas con preciosas vistas de la ciudad.
El versículo de Lucas 5,1-11, inspiró al arquitecto responsable de la construcción, a diseñar una infraestructura en forma de barca, como símbolo de seguimiento a Jesús. En su interior están dispuestos las habitaciones, salones, biblioteca, claustro, locutorio, iglesia y todo lo necesario para la vida contemplativa.
Hoy, la comunidad sigue viva y activa. Su trabajo es tan dulce como conocido. Se dedican a la repostería artesanal. En el «Obrador de San Antonio», elaboran los populares murciatones, las magdalenas y otras delicias tradicionales de Murcia. Sus productos se venden en el propio monasterio, en distintos puntos de la ciudad y a través de su tienda online.
Entre oración, trabajo y silencio, “Las Antonias”,como se les sigue conociendo, continúan escribiendo una historia que no se mide solo en siglos, sino en fidelidad, sencillez y presencia discreta.
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Monasterio de San Antonio
Calle Subida al Santuario de la Fuensanta 44, 30157, Algezares, Murcia.
Tfno.: 34+968 84 29 18
E-mail: oicmurcia@gmail.com
